viernes, 17 de octubre de 2008

EL COMPAÑERISMO DE COMPARTIR LAS NECESIDADES VI




ESTUDIO 6

EL COMPAÑERISMO DE COMPARTIR LAS NECESIDADES


IDEA CLAVE


El Nuevo Testamento nos enseña que compartir nuestras posesiones con aquellos que están en necesidad es una de las facetas más importantes del compañerismo cristiano



CASO DE ESTUDIO


El consejo de iglesia estaba reunido. Habían estado discutiendo durante dos horas y había sido imposible llegar a ningún acuerdo. Luis Pérez y Jorge Retrepo, los dos miembros más prominentes del consejo, sostenían ideas contrarias y, al parecer, totalmente irreconciliables.

No podemos ser insensibles a la situación de nuestros hermanos de la provincia del sur, comentó de forma enfática Luis Pérez, las inundaciones han dejado a muchas familias en una situación penosa, es nuestro deber ayudarles. Es una muestra de comunión y compañerismo.

Casi sin permitir que el hermano Pérez acabara, Jorge Restrepo volvió a exponer, una vez más, su opinión al respecto. Luis, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Tú confundes los términos. Naturalmente que sentimos simpatía, dolor y compasión por nuestros hermanos, pero no olvides que el compañerismo no tiene nada que ver con compartir nuestros recursos económicos. Para compartir los recursos tiene que haber una unión, un vínculo más intenso que el mero hecho de ser creyentes. Si así fuera, deberíamos estar compartiendo con todos los creyentes del mundo y, no me negarás, que eso es totalmente imposible. Además, aquella gente ni siquiera pertenecen a nuestra propia denominación.

Jorge, añadió Luis pacientemente, soy consciente que es imposible compartir nuestros escasos recursos con todo el mundo. Sin embargo, la diferencia es que estos hermanos del sur, sean o no sean de nuestra denominación, nos han pedido ayuda para poder socorrer a una buena cantidad de familias necesitadas. Son nuestros hermanos en Cristo, no podemos hacer oídos sordos a sus lamentos y necesidades, ¿qué clase de compañerismo podemos tener con ellos si nos negamos a ayudarles?

Yo los reconozco como hermanos, comentó Jorge, y creo que tenemos un compañerismo espiritual, soy consciente de que somos miembros del mismo cuerpo, sin embargo, no me siento obligado como tú, creo que tenemos dos conceptos diferentes acerca del compañerismo cristiano.


Jorge Restrepo acabó su intervención con la frase "creo que tenemos dos conceptos diferentes acerca del compañerismo cristiano" Descríbelos:

• El concepto de Luis Pérez

• El concepto de Jorge Restrepo

¿Son correctos ambos conceptos? Si tú respuesta es positiva ¿Por qué ambos son correctos?

Si tu respuesta fue negativa ¿Cuál de ellos es correcto? ¿Por qué razón es correcto?

¿De qué modo crees que el compañerismo cristiano tiene relación con el compartir nuestros recursos?


TEXTO BASE

  • "Compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad" (Romanos 12:13)
  • "Porque Macedonia y Acaya tuvieron a bien hacer una ofrenda para los pobres que hay entre los santos que están en Jerusalén. Pues les pareció bueno y son deudores a ellos; porque si los gentiles han sido hechos participantes de sus bienes espirituales, deben también ellos ministrarles de los materiales" (Romanos 15:26-27)
  • "Ahora, hermanos, queremos contaros cómo se ha mostrado la bondad de Dios en las iglesias de Macedonia. A pesar de las pruebas por las que han tenido que pasar, son muy felices; y pesar de ser muy pobres, sus ofrendas han sido tan generosas como si fueran ricos. Yo soy testigo de que han ofrendado lo que podían, y aún más de lo que podían. Nos rogaron mucho que les permitiésemos tomar parte en esta ayuda para el pueblo de Dios" (2 Corintios 8:1-3)
  • "Así tendréis toda clase de riquezas, y podréis dar generosamente. Y la colecta que enviéis será motivo de que por medio de nosotros los hermanos den gracias a Dios. Porque al llevar esta ayuda a los hermanos, no sólo les llevamos lo que les hace falta, sino que los movemos a dar muchas gracias a Dios. Y alabarán a Dios, pues esta ayuda les demostrará que vosotros obedecéis al evangelio de Cristo,, y también honrarán a Dios por vuestra contribución para ellos y para todos" (2 Corintios 9:11-13)
  • "Incúlcales que practiquen la virtud, que atesoren buenas obras, que sean generosos y desprendidos" (1 Timoteo 6:18)
  • "Y no os olvidéis de hacer el bien y compartir vuestras cosas con los demás, pues esos son los sacrificios que agradan a Dios" (Hebreos 13:16)
  • "Ahora bien, si quien nada en la abundancia ve que su hermano está necesitado y cierra el corazón, ¿tendrá valor para decir que ama a Dios?" (1 Juan 3:17)


INTRODUCCIÓN


Compartir nuestros recursos y posesiones materiales con aquellos que están en necesidad es el uso que con más frecuencia se hace de la palabra koinonia en las páginas del Nuevo Testamento. Esto puede producirnos cierta sorpresa, especialmente, porque estamos acostumbrados a identificar el compañerismo cristiano, de forma básica y primaria, con nuestras relaciones sociales con otros miembros de la iglesia o con otros creyentes de otras iglesias y denominaciones. Pero, por sorprendente que nos parezca, koinonia, si bien no de forma exclusiva, es mayoritariamente identificada en la segunda parte de la Biblia con el compartir los recursos para satisfacer a aquellos en necesidad. No debería extrañarnos, ya indicamos que una de las vertientes o facetas del compañerismo cristiano es compartir con otros, por tanto, resulta natural que algo que podamos compartir sean nuestros recursos con aquellos que se encuentran en necesidad.

Tener cuidado de otros creyentes, preocuparnos por satisfacer sus necesidades más perentorias es, sin duda, una clara expresión de nuestro amor por ellos. Si vuelves a repasar los pasajes del texto base notarás que hemos resaltado con letra cursiva la palabra usada en castellano para traducir el término griego koinonia. Compartir con otros nuestra vida espiritual, pero también nuestros bienes y posesiones es una clara expresión de compañerismo cristiano, de koinonia, para con otros creyentes.

Compartir nuestros bienes y posesiones es nuestra responsabilidad. La Palabra de Dios nos lo muestra con total y meridiana precisión, nos exhorta a que compartamos nuestros recursos con otros. Es importante para nosotros entender que compartir no es una cuestión optativa, no es un asunto de benevolencia o piedad personal, se trata más bien de una responsabilidad, de una necesidad a la que nos vemos llamados e impulsados por las Escrituras.

No damos porque somos piadosos. No damos porque las necesidades de otros apelan a nuestras emociones. Tampoco damos porque el sentimiento positivo y gratificante que experimentamos al dar. Damos primera y primordialmente porque necesitamos y queremos ser obedientes a Dios. El Dios mismo quien nos ha dado el mandamiento de compartir. Llegados a este punto es importante para nosotros recordar que la Biblia nos enseña que nuestra obediencia es una clara muestra de nuestro amor hacia el Señor.

Algunas personas, de forma equivocada, animan a otros a dar porque de esta manera Dios les dará a ellos. Dan para recibir. Sin embargo, no es esta la motivación que el Señor nos enseña ha de regir nuestro dar. Damos en obediencia, una obediencia que es una respuesta al amor incondicional del Señor hacia nosotros. Es posible, que el dar conlleve como resultado, o tal vez no, las bendiciones de Dios, pero en ninguna manera ésta ha de ser la razón que nos mueva a compartir con otros. No debemos confundir los posibles resultados con las motivaciones.

En la Biblia encontramos que Dios nos da a fin de que nuestros recursos, nuestra abundancia, pueda suplir las carencias y necesidades de otros (2 Corintios 8, especialmente los versículos 12 al 15). Realmente, resulta un tanto difícil el creer que puede existir una auténtica kononia cuando nos mostramos insensibles a las necesidades de aquellos con los que compartimos una vida en común.

Es precisamente el hecho de que todos los creyentes, sin importar nuestro trasfondo social, político, cultural, económico o geográfico, compartimos una vida en común lo que da sentido al compartir, es la razón que justifica y explica el porqué es tan importante y natural que compartamos nuestros recursos. Ya indicamos en un estudio anterior que al aceptar a Cristo pasamos a formar parte de su cuerpo en calidad de miembros. Un cuerpo del cual Él es la cabeza rectora y, todos los demás, miembros los unos de los otros.

Partiendo de esta realidad no podemos, bajo ningún concepto, ser insensibles al dolor y a las necesidades de otros miembros de ese cuerpo. El apóstol Pablo nos enseña con total claridad que cuando un miembro de ese cuerpo sufre, todos los demás solidariamente deberían sufrir. Tiene todo el sentido del mundo, cuando un miembro sufre, todo el organismo sufre con él de forma solidaria, incluso, cuando otros miembros no experimentan directamente los resultados del dolor, la necesidad, la enfermedad. ¿Sería exagerado afirmar que cuando un cuerpo no funciona de ese modo, algo malo, patológico está sucediendo?

Los primeros cristianos tuvieron una clara percepción del principio espiritual antes mencionado, también la tuvieron de las implicaciones prácticas que ello conllevaba. Sin duda aquello fue lo que movió a los cristianos de la comunidad de Jerusalén a compartir sus propiedades para que las necesidades del cuerpo, en su conjunto, fueran satisfechas. Eso mismo impulsó también a los cristianos de Filipos. Su caso es, si cabe, todavía más significativo. Al fin y al cabo los cristianos de Jerusalén fueron solidarios con personas de su propia ciudad y comunidad. No fue así el caso de los cristianos de la ciudad helénica de Filipos, ellos se sintieron responsables y quisieron ministrar a creyentes de los que nada sabían y a los que nunca conocerían de forma personal. Sin embargo, su koinonia les movió a ese tipo de responsabilidad.

Compartir nuestros recursos es un privilegio. De nuevo son los filipenses los que nos iluminan el camino a seguir. Ante la tremenda necesidad económica que se había dado en la iglesia de Jerusalén el apóstol Pablo decidió recoger finanzas entre todas las iglesias cristianas que estaban en su círculo de influencia. Pablo, conocedor de la extrema situación económica de la iglesia en Filipos decidió exonerarles de la carga de tener que contribuir. Sin duda, la situación de aquella comunidad debía ser muy dura para que el apóstol tomara semejante decisión.

No sabemos muy bien por medio de qué conductos, pero la noticia de la ofrenda llegó a oídos de los cristianos de Filipos. Estos, al enterarse de que habían sido excluidos se sintieron molestos, molestos porque se les negaba el privilegio de poder tener koinonia práctica con otros creyentes ministrándolos en sus necesidades. Su respuesta no se hizo esperar, se pusieron en contacto con Pablo y le pidieron insistentemente que se les permitiera el privilegio de colaborar en ministrar las necesidades de los santos en Jerusalén.

Las personas que están acostumbradas a dar experimentan el privilegio y el gozo de poder ser parte en los planes del Señor para ministrar a otros creyentes en sus necesidades El es gozo que se desprende de saberse en la voluntad de Dios, de ser consciente de ser un instrumento en las manos del Señor para llevar a cabo sus propósitos en la vida de otros creyentes.

Finalmente, compartir nuestros recursos da gloria a Dios. Cuando creyentes, compartiendo sus recursos, satisfacen las necesidades de otros creyentes, Dios es glorificado. El Señor recibe gloria porque los creyentes que son ministrados son conscientes de que Dios ha cumplido su promesa de ministrarles y cuidarles y lo ha hecho por medio de otros hermanos, otros miembros del cuerpo de Cristo. Jerry Bridges, en su obra ya varias veces citada, dice a este respecto:

Dios usa una variedad de personas y medios para llevar a cabo su obra. Él ha prometido suplir las necesidades de sus hijos, y a menudo, lo hace por medio de otros hijos suyos. Él ha ordenado que los miembros del cuerpo deberían cuidar los unos de los otros por medio del mutuo dar


Dios es, además, doblemente glorificado. Lo es porque nuestro Señor siempre recibe gloria cuando sus hijos son obedientes a sus mandamientos. Lo es porque aquellos que han sido ministrados en sus necesidades económicas dan gloria y gratitud al Señor por su fidelidad.



OBSERVACIÓN


1. Anota las tres cosas más importantes que has aprendido al llevar a cabo este estudio

2. Repasa de nuevo todos los versículos correspondientes al texto base. Anota que te enseñan acerca del compartir como un mandamiento y como un privilegio y un medio para glorificar a Dios.


Pasaje -El compartir como un mandamiento -El compartir como un privilegio y un medio para glorificar a Dios

Romanos 12:13

Romanos 15:26-27

2 Corintios 8:1-3

2 Corintios 9:11-13

1 Timoteo 6:18

1 Juan 3:17

Hebreos 13:16


INTERPRETACIÓN


1. Somos miembros de un mismo cuerpo. Debemos compartir para cubrir las necesidades de otros creyentes ¿Qué relación existe entre ambas verdades espirituales?

2. Lee de nuevo Romanos 15:26-27 y 2 Corintios 9:13-14

a. ¿Por qué crees que los filipenses consideraban un privilegio colaborar?

b. ¿Por qué Dios era glorificado por medio de aquella ofrenda?

c. Ponte en el lugar de los filipenses. Eran personas pobres y con necesidades. Ellos se privaban para cubrir las necesidades de los cristianos de Jerusalén, gente que ni conocían, ni probablemente conocerían nunca

c1. ¿Qué crees que les motivó a hacerlo?

c2. ¿Qué te enseña su acción acerca de su concepto de KOINONIA?

3. ¿Qué significa que somos colaboradores de Dios para ministrar las necesidades de otros?

4. ¿Es correcto afirmar que nuestro concepto de compañerismo no es bíblico si no incluye el compartir nuestros recursos con otros hermanos? Justifica tu respuesta

5. Lee 1 Juan 3:17 ¿Qué quería enseñar Juan por medio de este pasaje?


APLICACIÓN



1. ¿Incluye tu compañerismo cristiano el compartir tus recursos con aquellos que están en necesidad?

2. Toma unos minutos para pensar tranquilamente

a. ¿Qué necesidades materiales existen a tu alrededor?

b. ¿Qué puedes y debes hacer para satisfacer esas necesidades. Por favor haz un esfuerzo para ser práctico.


EL COMPAÑERISMO ESPIRITUAL V




ESTUDIO 5
EL COMPAÑERISMO ESPIRITUAL


IDEA CLAVE


El compañerismo espiritual es una íntima comunión con otros creyentes, a través de la cual, compartimos de la cual ministramos a otros creyentes y somos ministrados por ellos en diferentes áreas.



CASO DE ESTUDIO


Pablo lo estaba pasando realmente mal estos últimos meses. Hacia cinco años que era pastor de jóvenes de la Primera Iglesia Interdenominacional de su ciudad. La pastoral juvenil había crecido ampliamente durante estos años gracias a su liderazgo. El crecimiento numérico del grupo había sido tan grande que se tomó la decisión de contratar a una persona para que trabajara con los adolescentes con dedicación exclusiva.

Aquí empezaron todos sus problemas. La iglesia contrató a Susana Salvatierra, como pastora para el grupo de adolescentes. Salvatierra era una muchacha soltera, muy guapa y atractiva y enormemente eficaz en su trabajo. Susana y Pablo, que tan sólo era unos cinco años mayor, hicieron un buen equipo desde el principio. Había una buena química entre ambos, no únicamente en el ámbito profesional, también en el ámbito personal.

Poco a poco Pablo sintió que sentía una clara atracción sexual hacia Susana. Aquella muchacha le gustaba y le atraía físicamente de un modo irresistible. Era difícil para Pablo evitar los pensamientos lujuriosos y el deseo de tener relaciones con ella.

Su culpabilidad aumentaba al mismo ritmo que su atracción. En ocasiones, incluso le pasaba por la mente la idea de seducirla y fugarse con ella, aunque eso significara dejar a su mujer y su hijita de dos años. Con el paso de las semanas su angustia aumentó. Sentía que si la presión continuaba no podría resistir más la tentación y acabaría haciendo alguna tontería. Sin embargo, no sabía qué hacer, ni a quién dirigirse. El liderazgo de la iglesia era muy estricto, la sola mención de sus tentaciones y problemas le habría valido el despido automático. Por otro lado, tampoco se sentía con libertad para compartir su carga con otros creyentes. Con algunos, porque sería incomprendido y juzgado, con otros porque sería una carga demasiado pesada para ellos, con otros por orgullo y necesidad de mantener su imagen. Pablo era consciente de necesitar ayuda, pero no sabía dónde encontrarla.

¿Qué opinas del problema de Pablo? ¿Crees que lo descalifica para el ministerio?

¿Por qué Pablo no puede recibir ayuda de otras personas? ¿Qué impide que pueda buscar ayuda?

¿De qué modo podría Pablo ser ayudado? ¿Cómo una relación espiritual íntima con otros creyentes podría ayudarle?

Si fueras amigo de Pablo e intuyeras el problema ¿Qué cosas podrías hacer para serle de ayuda?



TEXTO BASE

  • "Luego, Dios el Señor dijo: No es bueno que el hombre esté solo." (Génesis 2:18)
  • "Más valen dos que uno, pues mayor provecho obtienen de su trabajo. Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. !Pero ay del que cae estando solo,, pues no habrá quién lo levante! Además, si dos se acuestan juntos, uno a otro se calientan; pero uno solo, ¿cómo va a entrar en calor? Uno solo puede ser vencido, pero dos podrán resistir. Y, además, la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente" (Eclesiastés 4:9-12)
  • "Aunque en realidad se trataría de animarnos mutuamente con esa fe de la que tanto vosotros como yo participamos" (Romanos 1:12)
  • "Amaos de corazón unos a otros como hermanos y que cada uno aprecie a los demás más que a sí mismo" (Romanos 12:10)
  • "Guardaos mutuamente respeto en atención a Cristo" (Efesios 5:21)
  • "El mensaje de Cristo llene con toda su riqueza vuestros corazones, y sed de veras maestros y consejeros los unos de los otros" (Colosenses 3:16)
  • "Al contrario, animaos unos a otros cada día, mientras dura ese "hoy" de que habla la Escritura, para que ninguno de vosotros sea engañado por el pecado y su corazón se vuelva rebelde" (Hebreos 3:13)
  • "Y estimulémonos mutuamente en la práctica del amor y de toda clase de buenas obras. Que nadie deje de asistir a las reuniones de su iglesia, como algunos tienen por costumbre. Por el contrario, animaos unos a otros, tanto más cuanto que estáis viendo que se acerca el día del Señor" (Hebreos 10:24-25)

INTRODUCCIÓN


Dios ha diseñado la vida cristiana que necesitamos de Él y, a la vez, nos necesitamos los unos a los otros. Desde la antigüedad, ya Aristóteles mencionó definió al ser humano como un animal social, un animal que necesita y busca a otros. En la Palabra de Dios, ya en el libro de Génesis 2:18, el Señor afirmó que no era bueno que el hombre estuviera solo. Pensemos en esto por un momento, Adán tenía una relación única, singular y perfecta con Dios. Sin embargo, por las razones que únicamente Él en su soberanía decidiera, determinó que una parte de nuestras necesidades no iba a ministrarlas o satisfacerlas Él mismo de forma directa, sino más bien lo haría por medio de otros seres humanos. Todos sabemos que el pasaje del primer libro de la Biblia se refiere al matrimonio, sin embargo, el texto de Génesis puede ser interpretado en un sentido más amplio, y uno limitado únicamente al matrimonio.

Nadie puede vivir la vida cristiana de forma solitaria y aislada. Ya afirmamos en el primer estudio de este libro que el compañerismo no era una opción, sino más bien un propósito de Dios para el creyente. Además de ser una mandamiento, el compañerismo cristiano es una necesidad, debido a la propia naturaleza del ser humano. Debido a ello, la comunión, esta faceta de la KOINONIA bíblica, no es un lujo, sino una auténtica necesidad, vital para nuestra supervivencia espiritual.

Vimos que KOINONIA no sólo implica compartir una vida común con Cristo, comprobamos también que implicaba compartir con otros creyentes aquello que Él nos ha dado. En este contexto hemos de compartir con otros, haciéndolos partícipes, todo lo que Dios está haciendo en nuestras vidas, lo que Él nos está enseñando por medio de su Palabra y las experiencias y circunstancias de la vida cotidiana.

En su libro True Fellowship, del que ya hemos hablando en varias ocasiones, su autor, Jerry Bridges, cita al famoso escritor cristiano J.I. Packer, el cuál dice lo siguiente con relación al tema que estamos tratando:

"No deberíamos… pensar de nuestro compañerismo con otros cristianos como un lujo espiritual, una adición opcional a nuestros ejercicios de devoción privada. Por el contrario, deberíamos reconocer que tal compañerismo es una necesidad espiritual; ya que Dios nos ha hecho de tal manera que nuestro compañerismo con Él es alimentado por nuestro compañerismo con otros cristianos,

La experiencia y la lógica nos indican la necesidad vital que tenemos de la comunión con otros creyentes. Ahora bien, si esto no fuera suficiente, tenemos también las claras indicaciones de la Palabra de Dios en el mismo sentido y dirección. Recordemos las palabras que encontramos en el libro de Eclesiastés 4:9-10:

"Más valen dos que uno, pues mayor provecho obtienen de su trabajo. Y si uno de ellos cae, el otro lo levanta. !Pero ay del que cae estando solo,, pues no habrá quién lo levante! Además, si dos se acuestan juntos, uno a otro se calientan; pero uno solo, ¿cómo va a entrar en calor? Uno solo puede ser vencido, pero dos podrán resistir. Y, además, la cuerda de tres hilos no se rompe fácilmente"

La ayuda de los demás es muy importante, especialmente, en aquellos esfuerzos de larga duración, !Y qué duda cabe que la vida cristiana lo es! Permíteme ilustrarlo con una anécdota personal. Hace un tiempo decidí correr la maratón, una carrera atlética de larga distancia, que consiste en recorrer 42 kilómetros. Durante varios meses me estuve preparando de forma concienzuda con otra amigo cristiano. El entrenamiento consistía en acumular la mayor cantidad posible de kilómetros, por eso, ambos procurábamos dedicar cada día una hora, o incluso más, a correr para estar en forma.

Finalmente llegó el día de la carrera. A pesar de toda la preparación y entrenamiento, mi compañero tuvo que abandonar la carrera en el kilómetro 30 aproximadamente. Así pues, restaban 12 kilómetros para poder llegar a la meta para la que tanto esfuerzo e ilusión había dedicado. Fue una distancia tremendamente difícil de recorrer. No únicamente sentí mucho más el cansancio físico, sino también el mental y emocional. La soledad hacía que fuera cada vez más difícil continuar hacia la meta.

Cuando faltaban escasamente cuatro kilómetros para llegar al final, me planteé seriamente la posibilidad de abandonar y tirar todo el esfuerzo por la borda. En aquel momento un corredor de edad muy avanzada se puso a mi lado. Probablemente aquel hombre debería sobrepasar los sesenta y cinco años de edad. Viéndome en una situación muy difícil le pedí si podía continuar la carrera a su lado, de lo contrario abandonaría. Aquel hombre, no sólo disminuyó su velocidad para que yo pudiera correr a su mismo ritmo, también estuvo animándome durante toda la distancia que restaba hasta la meta.

Pude finalizar la carrera, sin embargo, he de admitir que hubiera sido totalmente imposible para mí de no haber contado con la ayuda de aquel corredor veterano. Su disposición a seguir mi ritmo, su preocupación por mí y sus constantes ánimos me ayudaron a llegar a la meta. ¿Hace falta más explicación para poder ver el paralelismo con la comunión entre los creyentes?

La vida cristiana es, en varias ocasiones, comparada con una carrera, con una carrera de larga distancia, de resistencia. Pero no siempre tenemos la motivación, el ánimo, las fuerzas y el coraje para seguir adelante. Dios pone a nuestro lado otros corredores para que con su ánimo y estímulo nos ayuden a seguir adelante, a la meta.

En el texto base hemos tenido la oportunidad de leer los pasajes que se hallan en Hebreos 3:13 y 10:24 y 25. En estos versículos se nos mencionan dos aspectos más de la comunión entre los creyentes. En primer lugar, el animarnos cuando hemos caído o estamos en situación o peligro de caer en la tentación y el pecado. El segundo lugar, el animarnos, el estimularnos mutuamente a practica el bien, a vivir de tal manera que honremos al Señor y e pueda tener contentamiento con nuestras vidas. Ayudarnos, pues, a practicar el bien y a evitar el mal.

La presión del grupo no necesariamente siempre ha de ser negativa. Los grupos pueden influir para bien o para mal. La presión -vista esta en un sentido positivo- de nuestros amigos y compañeros cristianos puede ser una fuente de inspiración, ánimo y estímulo para evitar el pecado y vivir una vida de santidad.

Valga la pena aquí mencionar que la necesidad del apoyo y ánimo de los demás no es algo exclusivo únicamente de los laicos. También los líderes y las personas que estamos dedicadas al ministerio cristiano a tiempo completo tenemos esa necesidad. Es falta, e incluso yo afirmaría que perniciosa, la extendida creencia de que el líder ha de ser perfecto y totalmente carente de necesidades. Tristemente, muchos líderes cristianos asumen esa idea y viven aislados y solitarios, sin poder compartir ni verbalizar sus necesidades y, por tanto, sin poder recibir ningún tipo de ayuda, estímulo y socorro de partes de los demás.

Pablo nos demuestra la falacia de tal tipo de razonamiento. Él nos muestra claramente que no es así, él necesitaba la comunión espiritual con otros cristianos y así lo manifestó abiertamente en Romanos 1:12 cuando escribiendo a los creyentes que vivían en Roma les dijo: "Porque deseo veros y prestaros alguna ayuda espiritual, para que estéis más firmes; es decir, para que nos animemos unos a otros con esta fe que vosotros y yo tenemos" ¿Pura retórica de parte del apóstol? !Lo dudo! Pablo estaba expresando una necesidad auténtica y, además, genuina.

Jerry Bridges, a quien ya hemos mencionado en varias ocasiones, indica que son necesarias dos condiciones básicas para poder tener y vivir esta faceta de la KOINONIA cristiana. En primer lugar, menciona que es preciso tener una comunión viva y dinámica con Dios. Si no pasamos tiempo con el Señor no podemos conocerle ni aprender de Él, por tanto, no tendremos nada que compartir con otros creyentes. Tiene todo el sentido del mundo ¿verdad? Al fin, y al cabo, la Biblia ya advierte que "de la abundancia del corazón habla la boca"

En segundo lugar, hemos de responsabilizarnos de otros y comprometernos con ellos. Este compromiso implica:

1. Evitar el síndrome de Caín. Caín no consideraba tener ningún tipo de responsabilidad acerca de su hermano y, así de claro, se lo manifestó al Señor. Nuestra sociedad occidental es muy dada al individualismo y, por tanto, al cainismo. Cada persona se preocupa de sí misma y no parece sentir como propias las cargas, los problemas y las necesidades de las personas que le rodean. Tristemente, el síndrome de Caín, está llegando a nuestras propias comunidades y nos convierte en seres insensibles, indiferentes e irresponsables ante los demás

2. Considerar las cargas y las necesidades de los otros como propias. La Palabra de Dios es clara en este sentido y, este punto, como es evidente está íntimamente ligado con el anterior. La Biblia nos dice que sobrellevemos los unos las cargas de los otros, también nos indica que tengamos la capacidad y la sensibilidad de gozarnos con los que se gozan y llorar con los que lloran.


3. Confidencialidad y respeto. La comunión espiritual ha de crear un clima de libertad para compartir las cargas, las tentaciones, las luchas e incluso las caídas. Todo ello es totalmente imposible si no existe un clima de respeto hacia la personal y absoluta y total confidencialidad con respecto a la información compartida.

4. Disponibilidad. Una comunión de este tipo no puede mantenerse con un número muy amplio de personas, más bien, se da con poca gente, personas con las que se puede llegar a un cierto grado de relación e intimidad. No obstante, y a pesar, de la limitación, hemos de estar disponibles para que el Señor nos muestre con quién establecer este tipo de comunión.

Ahora bien, sin duda, estamos de acuerdo en la necesidad de la comunión espiritual con otros creyentes. De hecho, este es uno de los valores que más a menudo se le da a la palabra compañerismo, pero, ¿qué significa esto en la práctica? Veamos algunos aspectos específicos en los que podemos concretar nuestra comunión con otros creyentes.

1. Compartir la Palabra. La comunión, el compañerismo espiritual, debe girar alrededor de la Biblia. Podemos compartir con otros aquello que nuestro Dios no está enseñando en nuestro tiempo diario o regular de comunión con Él. Evidentemente, esto es imposible, si no invertimos y nos pasamos tiempo con Dios. Esta es la razón por la cual, tan a menudo, muchos creyentes no tienen nada que compartir o decir, no hay nada que Dios les haya enseñado, porque no hay tiempo de comunión con Él.

Cuando hablamos de compartir lo que el Señor no está enseñando no nos referimos a nuestra erudición o conocimiento intelectual de las Sagradas Escrituras, más bien nos referimos a aquellas cosas que recibimos de Él y pueden ser de estímulo para otros en su vida cotidiana.

2. Nuestras cargas y necesidades. Nuestro compañerismo espiritual ha de crear y permitir un ambiente en el que sea posible ser genuinos y auténticos, ser nosotros mismos sin tener que disimular o llevar puesta una máscara de espiritualidad. Un ambiente de este tipo ha de estar caracterizado por el amor y la aceptación incondicional. Ha de ser un ambiente de gracia en el cual sea posible compartir nuestros pecados, tentaciones, pruebas, fracasos, miedos y todo aquello que sea una carga para nosotros. Un ambiente, donde todo exista la seguridad de que no seremos juzgados, rechazados ni condenados, lo cual, junto con nuestro orgullo a reconocer que tenemos necesidades, pueden ser las dos causas que nos impidan vivir la bendición de ser de ayuda y ser ayudados por otros.


3. Mutua supervisión. Es el concepto que se encuentra detrás de las enseñanzas de Colosenses 3:16, "Que el mensaje de Cristo esté siempre presente en vuestro corazón. Instruíos y animaos unos a otros con toda sabiduría…" y Efesios 5:21, "Someteos los unos a los otros, por reverencia a Cristo"

La mutua supervisión es la disposición a que otro creyente, a quien previamente tú le has dado esa autoridad, te cuestione y te supervise en aquellas áreas de tu vida que hayáis acordado. Puede ser en el área de las finanzas, o tal vez, de tu pureza sexual. Conozco creyentes que tienen este tipo de supervisión en esas áreas de sus vidas. Otros, dado a que tienen una cierta tendencia a ser desequilibrados con el uso de su tiempo, se someten a supervisión en ese aspecto conflictivo de sus vidas. Pero la supervisión no necesariamente ha de ser con relación a áreas de pecado o debilidad. Podemos ser, así mismo, supervisados en nuestros planes, en metas que deseamos alcanzar o en proyectos que hemos acometido o estamos por acometer.

Si la mutua supervisión es una necesidad para todo creyente, no es descabellado ni exagerado afirmar que todavía lo es más para aquellos creyentes que están en una posición de liderazgo. Podemos afirmar tajantemente que a mayor proyección pública de nuestro liderazgo, más necesidad de supervisión. Y esto, es así, debido a que tenemos más responsabilidad, más presiones y más implicaciones en todo aquello que hacemos y/o dejamos de hacer.

Finalmente, para acabar esta introducción vamos a reproducir las cualidades, que en opinión del citado escritor, Jerry Bridges, deberíamos tener, por un lado nosotros mismos y, por otro lado, buscar en aquellos con los que deseamos tener este tipo de compañerismo espiritual.

1. Un deseo, respaldado por acciones, de crecer en el Señor en dos áreas, en nuestro carácter personal y en el ministrar a otros.

2. Una habilidad para entender e identificarnos con las necesidades, frustraciones y tentaciones de otros, pero de una forma objetiva. Las personas necesitan comprensión, pero no lástima.

3. Una habilidad para ser totalmente confidencial, de esa manera, las personas podrán compartir lo que hay en lo más profundo de sus corazones.

4. Una disponibilidad y voluntad para comprometernos a buscar el bienestar espiritual de otros.

5. La madurez para reconocer que no tenemos todas las respuestas para las necesidades de la vida, pero que estamos dispuestos juntamente con ellos a agonizar, orar e investigar las Escrituras en busca de respuestas.

6. Una disponibilidad y voluntad para ser honestos con las personas, no permitiendo que una persona continúe sin ser desafiada en una actitud o acción que es incorrecta.



OBSERVACIÓN


1. Anota las tres cosas más importantes que has aprendido al llevar a cabo este estudio

2. Repasa de nuevo todos los pasajes del texto base y en el cuadro provisto a continuación anota lo que te enseñan acerca de la necesidad que tenemos los unos de los otros y cómo, de qué manera podemos expresar nuestro compañerismo espiritual. Recuerda que no necesariamente cada cita te proporcionará información sobre ambos aspectos.


Pasaje

La necesidad que tenemos de compañerismo espiritual
Cómo, de qué manera podemos expresar nuestro compañerismo espiritual

Génesis 2:18

Eclesiastés 4:9-12

Romanos 1:12

Romanos 12:10

Gálatas 6:2

Efesios 5:21

Colosenses 3:16

Hebreos 3:13

Hebreos 10:24-25

Santiago 5:16



INTERPRETACIÓN


1. ¿Es posible afrontar la vida cristiana en solitario? ¿Qué razones prácticas pueden justificar tu respuesta?

2. ¿Por qué la comunión cristiana no es un lujo sino una auténtica necesidad?

3. La presión o la influencia del grupo no necesariamente ha de ser negativa. De hecho, el compañerismo cristiano, es una clara indicación de que la influencia de otras personas puede tener un efecto benéfico sobre nuestras vidas. ¿De qué modo la comunión íntima con otros cristianos puede ser una influencia positiva para nosotros?

4. ¿Cuáles son las dos condiciones básicas para poder experimentar esta dimensión de la KOINONIA bíblica?

5. ¿Qué razones pueden impedir el desarrollo de una auténtica comunión espiritual con otros cristianos?

6. ¿Qué características pedirías a una persona con la que desearas establecer una comunión espiritual íntima?


APLICACIÓN


1. ¿Tienes una persona o personas con las que puedas tener una comunión espiritual íntima? En caso negativo, ¿crees que te sería de ayuda el contar con este tipo de compañerismo espiritual? Si tu respuesta es positiva, dedica ahora mismo un tiempo a pedirle al Señor que te provea de este tipo de personas o personas. Haz de ello una oración constante hasta que las veas respondida.

2. ¿Estás disponible para que Dios pueda usarte para ser de ayuda para otros creyentes? ¿Buscas oportunidades para ello, o estás demasiado centrado en tus propias necesidades?


3. Jerry Bridges, en su libro, True Fellowship, indica las cualidades que deberíamos tener y buscar en las personas con las que deseemos tener una íntima comunión espiritual. A continuación, las hemos colocado en una cuadro, de tal forma, que puedas hacer una evaluación de tu vida a la luz de las mismas.


Un deseo, respaldado por acciones, de crecer en el Señor en dos áreas, en nuestro carácter personal y en el ministrar a otros.
Desarrollo nulo Desarrollo escaso desarrollo bueno Mucho desarrollo

Una habilidad para entender e identificarnos con las necesidades, frustraciones y tentaciones de otros, pero de una forma objetiva. Las personas necesitan comprensión, pero no lástima.
Desarrollo nulo Desarrollo escaso desarrollo bueno Mucho desarrollo

Una habilidad para ser totalmente confidencial, de esa manera, las personas podrán compartir lo que hay en lo más profundo de sus corazones.
Desarrollo nulo Desarrollo escaso desarrollo bueno Mucho desarrollo

Una disponibilidad y voluntad para comprometernos a buscar el bienestar espiritual de otros. Desarrollo nulo Desarrollo escaso desarrollo bueno Mucho desarrollo

La madurez para reconocer que no tenemos todas las respuestas para las necesidades de la vida, pero que estamos dispuestos juntamente con ellos a agonizar, orar e investigar las Escrituras en busca de respuestas.
Desarrollo nulo Desarrollo escaso desarrollo bueno Mucho desarrollo

Una disponibilidad y voluntad para ser honestos con las personas, no permitiendo que una persona continúe sin ser desafiada en una actitud o acción que es incorrecta.
Desarrollo nulo Desarrollo escaso desarrollo bueno Mucho desarrollo


4. Una vez llevada a cabo la evaluación ¿Qué cosas prácticas puedes hacer para mejorar en aquellas cualidades en que precises hacerlo?

5. Podemos compartir con otros tan sólo en la medida en que nosotros mismos recibimos y aprendemos de Dios. El estudio y la meditación de la Biblia son pieza clave para ello. A continuación, te sugerimos tres sencillos pasos que te ayudarán a sacarle el máximo provecho a tu estudio de la Biblia.

Primer paso: descubrir

Se trata de descubrir, de identificar, la información contenida en un determinado pasaje. Las preguntas claves que te ayudarán en este cometido son:

1. ¿Qué información aparece en este pasaje?
2. ¿Qué ideas se expresan?
3. ¿Acerca de qué se habla?


Segundo paso: Comprender

Se trata de comprender la información contenida en el pasaje que estás estudiando y que previamente has descubierto. Las preguntas claves que te ayudarán en esta tarea son:

1. ¿Qué significa lo que estás leyendo?
2. ¿Qué quiere decir este pasaje?


Tercer paso: Aplicar

Se trata de aplicar, de poner en práctica en tu vida cotidiana lo que has descubierto y entendido en el pasaje que estás estudiando. Las preguntas claves que te ayudarán en esta tarea son:

1. ¿Cómo puedes hacer de lo aprendido una realidad en tu vida diaria?
2. ¿Hay cosas que debes obedecer, evitar, imitar, confesar, cambiar, etc.?

SOCIOS DE UNA EMPRESA COMÚN IV




ESTUDIO 4

SOCIOS DE UNA EMPRESA COMÚN



IDEA CLAVE

Todos los creyentes tenemos el privilegio y la responsabilidad de ser socios en la empresa del cumplimiento de la Gran Comisión


CASO DE ESTUDIO

Angel, está levantando su sostenimiento económico para poder dedicarse con dedicación exclusiva, a un ministerio entre adolescentes en situación de riesgo, dentro de su propio país. En estos momentos, se encuentra en el comedor de la casa de los señores Aznar, un matrimonio de la iglesia a la que él asiste. Ángel está a punto de concluir la presentación de sus necesidades financieras.

-Honestamente hablando, a mí me gustaría que ustedes se dieran cuenta que por medio de su apoyo económico y a través de la oración se estarán convirtiendo en auténticos socios de mi ministerio.

-¿Qué quieres decir?, preguntó un tanto cortante la señora Aznar.

-Bien, lo que quería expresar es que yo considero este ministerio como una auténtica empresa, naturalmente no en el sentido comercial del término, sino más bien, como dice el diccionario, como un proyecto que se pretende llevar a cabo. En esta empresa yo llevo a cabo una parte de la misma, dedicar mi tiempo, dones y talentos a trabajar con los adolescentes en situación de riesgo. Ustedes participan por medio de su apoyo, económico y espiritual. Para mí será imposible llevar a cabo este ministerio si no cuenta con el apoyo activo de muchos creyentes como ustedes. Es en este sentido en que creo que ustedes y yo formaríamos un equipo, una auténtica sociedad.

-Me parece un concepto interesante, intervino el señor Aznar, lo cierto es que nunca antes lo había pensado.

-Bien, volvió a intervenir tajante la señora Aznar, en esencia es lo mismo de siempre, ¿no es así? Tú deseas nuestro dinero para poder trabajar con esos muchachos. El mismo mensaje con nueva decoración.

-Ángel, un tanto turbado contestó, Bueno, no es exactamente lo que quería expresar, de verdad que me interesa mucho más que su dinero.

Ángel se despidió y quedó en llamarles para saber cuál sería su decisión con respecto a apoyar su ministerio. El matrimonio se quedó solo y continuó comentando la visita de Ángel.

-Cariño, me parece que has sido bastante brusco con ese pobre muchacho. Sus motivaciones son genuinas y ha sido honesto en su forma de presentar el ministerio que quiere llevar a cabo.

-Siempre serás un cándido. Es lo típico de siempre. Ese muchacho, como todos los otros misioneros que nos han visitado, tan sólo quiere nuestro apoyo económico. Naturalmente, para hacerlo más digerible, lo rodean de un halo de espiritualidad y versículos bíblicos. Plata y nada más que plata es lo que hay detrás de tanta palabrería.

-Pues siento decirte que no estoy de acuerdo. Es cierto, que han pasado muchos misioneros por nuestra casa en busca únicamente de dinero, sin embargo, lo que este muchacho me ha compartido me ha impactado. Nunca había considerado el ofrendar de la manera en que él lo ha expuesto. Nunca nadie me ha dicho que puedo ser socio en la empresa de ayudar al cumplimiento de la Gran Comisión.


¿Qué concepto importante quería transmitirles Ángel a los señores Aznar?

¿Estás de acuerdo con ese concepto? Justifica tu respuesta

En tu opinión ¿Quién tiene más mérito, el que da para sostener a los misioneros o aquel que va al campo misionero? Justifica tu respuesta

¿Forma parte el dar del concepto cristiano del compañerismo? Justifica, una vez más, tu respuesta



TEXTO BASE

  • "Entonces dijo a sus discípulos: A la verdad la mies es mucha, mas los obreros pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies, que envíe obreros a su mies" (Lucas 9:37-38)
  • "Finalmente hermanos, un favor os pido, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor que el Espíritu nos ha infundido: sed mi apoyo en la batalla que habré de sostener; pedid a Dios que me haga escapar con bien de los que en Judea se oponen a la fe. Y pedidle asimismo que esta ayuda que llevo a Jerusalén sea bien acogida por aquellos hermanos" (Romanos 15:30-31)
  • "También por mí, para que Dios ponga en mis labios la palabra oportuna y pueda dar a conocer libre y valientemente el secreto plan de Dios encerrado en este mensaje de salvación" (Efesios 6:19)
  • "Cada vez que os recuerdo, doy gracias a mi Dios, y cuando ruego por vosotros, lo hago lleno de alegría, no en vano os habéis afanado conmigo en la difusión del mensaje de salvación desde el primer día hasta hoy" (Filipenses 1:3-5)
  • "Grande, muy grande ha sido mi alegría cristiana al ver que después de tanto tiempo ha vuelto a florecer vuestro interés por mí. Ya sé que lo teníais; lo que os faltaba era la ocasión de manifestarlo. Y no es la necesidad lo que me hace hablar así, pues he aprendido a bastarme en cualquier circunstancia. Tengo experiencia de riqueza y de pobreza. Estoy perfectamente entrenado para todo: lo mismo para estar harto que para pasar hambre, para nadar en la abundancia que para vivir en estrecheces. De toda suerte de pruebas puedo salir airoso porque Cristo me da las fuerzas. Sin embargo, es hermoso que os hayáis solidarizado conmigo en mis horas difíciles. Como sabéis, queridos filipenses, cuando empezó a extenderse el mensaje de salvación y salí de Macedonia sólo vuestra iglesia me abrió cuenta de "debe" y "haber". Incluso estando yo en Tesalónica, me enviasteis ayuda por dos veces, y no es que yo esté buscando nada para mí; lo que busco es aumentar vuestra cuenta con nuevos ingresos" (Filipenses 4:10-17)
  • "Hermanos, rogad también por nosotros" (1 Tesalonicenses 5:25)
  • "Por lo demás hermanos, rogad por nosotros para que le mensaje del Señor prosiga el avance glorioso que inició en vuestra ciudad. Rogad también para que el Señor nos libre de los hombres insolentes y perversos, porque no todos aceptan la fe" (2 Tesalonicenses 3:1-2)


INTRODUCCIÓN


En la antigüedad, los griegos eran el pueblo comerciante por excelencia. De hecho, llevados por el comercio y la necesidad de encontrar nuevas tierras, los habitantes de la península helénica llenaron las costas del mar Mediterráneo de colonias, las cuales, eran focos de cultura y comercio.

Al amparo de esta actividad económica surgieron muchas empresas comerciales en todas las ciudades griegas, auténticas sociedades mercantiles. En este tipo de empresas acostumbraban a participar varios socios. Algunos socios poseían el capital, es decir, el dinero que permitía financiar las costosas y arriesgadas aventuras de comerciar con otros pueblos u otras colonias del Mediterráneo. Estos, eran los socios capitalistas. Otros, poseían los barcos, y con ellos se aventuraban por las arriesgadas aguas de un mar que en ocasiones podía ser traicionero. Así pues, unos ponían su dinero y otros su trabajo para formar una empresa en la que eran socios. En el idioma griego, esta relación de sociedad, de unión y colaboración en una empresa común eran descrita con la palabra koinonia. Es la misma palabra que Lucas utiliza en 5:10 para describir la relación comercial en el negocio de la pesca que existía entre Pedro y Santiago, ambos eran socios en una empresa pesquera común.

La iglesia de Filipo era, sin duda, una iglesia que mantenía una relación muy especial con el apóstol Pablo. Basta leer la carta que él envió a esa comunidad para darse cuenta de que había unos lazos emocionales y unos vínculos de apoyo y ayuda mutua muy importantes.

En el pasaje de Filipenses 1: 3-5 que leímos en el texto base, Pablo consideraba a los creyentes de aquella ciudad como socios en la tarea de la extensión del evangelio. El apóstol afirmaba que se habían afanado con él en la empresa de la difusión del mensaje de salvación y, para referirse a ello, utiliza el lenguaje comercial de la época, del cual, ya hemos hablado anteriormente. A menos que Pablo usará esta referencia a los filipenses como una libertad literaria, lo cual, nos consta que no es así, resulta que el apóstol consideraba como socios suyos en la tarea del cumplimiento de la Gran Comisión a personas que, en su inmensa mayoría, nunca abandonaron la ciudad natal de Filipo, ¿cómo podía ser esto posible?

¿De qué modo estaban involucrados en su ministerio los filipenses? El capítulo cuatro, parte de cuyo contenido ha sido reproducido en el texto base, nos ayuda a entenderlo. Allí, Pablo describe como fue precisamente el apoyo económico que le prestaron los filipenses el que le permitió poder llevar a cabo su ministerio evangelísitco. El apóstol menciona como recibió ayuda cuando estaba ministrando en la ciudad de Tesalónica.

Podemos afirmar con total seguridad que los creyentes de la iglesia de Filipo se habían convertido en los "socios capitalistas" del ministerio evangelístico de Pablo. Ellos ponían sus finanzas, es decir, lo que estaba en aquellos momentos a su alcance, mientras que Pablo llevaba a cabo la tarea de evangelización y discipulado. Y de este modo fue por él reconocido.

Pero más allá de lo que hicieron los filipenses, es importante resaltar la motivación, el porqué de sus acciones. Las ofrendas de aquellos cristianos nacían de su sentido y responsabilidad misionera. Ellos consideraban la participación en el ministerio del cumplimiento de la Gran Comisión como una responsabilidad, sin embargo, dadas sus circunstancias, la participación financiera era la mejor manera en que podían participar en aquella empresa común.

Pablo, al escribirles en el capítulo cuatro, no sólo reconoce su participación en esa empresa común, también les reconoce el derecho a recibir unos dividendos, en este caso espirituales, como fruto y resultado del apoyo económico por ellos provisto. Para apreciar este detalle lee los versículos 15 al 17 del capítulo mencionado.

Participar en la empresa del cumplimiento de la Gran Comisión está realmente al alcance de cualquier creyente. Dios nos ha dado el privilegio de poder tener un impacto en el campo misionero más allá de nuestros propios esfuerzos personales, los cuales, en muchos casos están tremendamente limitados por diversas razones. Participando económicamente en la ayuda a diferentes ministerios misioneros podemos tener un impacto en el campo misionero más allá de nuestra propia ciudad o país. Cuando invertimos en un grupo o agencia misionera estamos convirtiéndonos, literalmente, en socios de su trabajo se desarrolle este donde se desarrolle.

Pensemos por un momento en los dos grandes desafíos misioneros que afronta el cristianismo en nuestros días. Por un lado, los centenares de millones de musulmanes que pueblan nuestro planeta. La inmensa mayoría de ellos viviendo en países totalmente cerrados al trabajo y esfuerzo de los misioneros. Por otro lado la evangelización de la juventud. Alrededor del 50% de la población de nuestro mundo tiene menos de dieciocho años de edad. Literalmente centenares de millones de jóvenes necesitan ser alcanzados con el evangelio de salvación.

Dadas nuestras circunstancias personales podemos pensar que tal no haya nada que podamos hacer por alcanzar a estos grupos. No estamos en condiciones de dejar nuestro trabajo para ir a un país musulmán o, no nos consideramos capacitados para trabajar con los jóvenes de nuestro propio país. La juventud es un grupo difícil y muy especial, y podemos considerar que nuestros dones y talentos no están en línea para conectar con ellos. Sin embargo, si podemos participar en esta empresa formando sociedad con los múltiples grupos y agencias misioneras que están, activamente trabajando, para llevar el evangelio a estos grupos humanos. Por medio de nuestro apoyo financiero nos convertimos en socios de semejante aventura misionera.

El formar sociedad con aquellos que están en el campo misionero no solamente es un gran privilegio para nosotros, se trata también de una enorme responsabilidad que Dios nos ha encomendado. El cumplimiento de la Gran Comisión (Mateo 28:18-20) no fue dado única y exclusivamente a los apóstoles, tampoco a los primeros discípulos. No es una responsabilidad que incumbe de forma selectiva a aquellos que están dedicados al ministerio a tiempo completo.

La Gran Comisión es un privilegio y una responsabilidad dada por igual a todos los creyentes sin distinción. Es evidente que cada cristiano se involucrará en función de sus posibilidades y circunstancias personales, pero ninguno está excluido del llamamiento de contribuir al cumplimiento del mandato de Jesús. Sin duda algunos de nosotros nunca tendremos la oportunidad de contribuir por medio de nuestra participación personal en el campo misionero, pero si estará a nuestro alcance el hacerlo a través de nuestras ofrendas.

Cuando ofrendamos estamos siendo obedientes a lo que el Señor espera de nosotros. No existe ningún mérito especial en hacerlo, es nuestra responsabilidad, es una muestra de nuestro amor hacia el Padre y nuestra solidaridad hacia aquellos que están trabajando en el campo misionero, bien sea en nuestro país o en países lejanos. Es evidente que dar produce gozo y satisfacción, sin embargo, no este el propósito por el que ofrendamos, es sin duda, un resultado de nuestra obediencia, no es, sin embargo, el motivo que nos impulsa.

Del mismo modo que lo hicieron los filipenses, también podemos participar como socios en la tarea del cumplimiento de la Gran Comisión, por medio de nuestro apoyo en oración. Podemos ser socios orando por aquellos que llevan el mensaje más allá de nuestra iglesia, comunidad o compañerismo local. En la carta que Pablo escribió a aquella amada comunidad de Filipos, en 1:19, vemos que aquellos cristianos eran también un ejemplo en este sentido. A menudo, escribiendo a otros grupos de creyentes, Pablo les pedía que oraran por él, por sus necesidades personales y también por su ministerio, véase en este sentido 1Tesalonicenses 5:25)

No es de extrañar que haya cristianos que afirmen que para que el compañerismo económico tenga auténtico sentido, este debería ir acompañado de un compañerismo en la oración. Es fácil dar dinero de una forma mecánica y olvidarnos de orar e interceder por aquellos que están en el campo de misión, dentro o fuera de nuestro propio país. Estas personas, a menudo, viven y afrontan circunstancias personales, familiares, ambientales y ministeriales, difíciles y complejas. Situaciones, que en función del contexto en el que se muevan, pueden llegar a ser auténticamente terribles. Nuestro apoyo por medio de la oración, si auténticamente creemos en ella y su poder, puede proporcionarles el apoyo y las fuerzas que tanto necesitan. De nuevo, podemos afirmar que el orar, en este caso, no es únicamente una responsabilidad, se trata también de un auténtico privilegio para nosotros. A este respecto, Jerry Bridges, en su libro ya citado, menciona una interesante frase de S.D. Gordon, la cual reproducimos para terminar este estudio.

La mayor cosa que cada uno de nosotros puede hacer es orar. Incluso si personalmente podemos ir a algún país lejano, aún así, habremos ido tan sólo a un lugar.

La oración nos pone en un contacto dinámico con el mundo. Hoy, una persona puede aislarse, y cerrar la puerta, e invertir media hora de su vida por Dios en la India, como si estuviera allí de forma personal. Sin duda tú y yo debemos invertir más medias horas para este servicio secreto.


OBSERVACIÓN


1. Anota las tres cosas más importantes que has aprendido al llevar a cabo este estudio

2. Lee nuevamente los versículos correspondientes al texto base. Anota que te enseñan acerca del compañerismo por medio del dar y/o por medio de la oración. Considera que no necesariamente cada versículo trata de ambos aspectos, por tanto, no en cada cita encontrarás enseñanzas sobre las dos vertientes.

Pasaje Compañerismo en el dar Compañerismo en la oración

Lucas 9:37-38

Romanos 15:30-31

Efesios 6:19

Filipenses 1:3-5

Filipenses 4:10:17

1 Tesalonicenses 5:25

2 Tesalonicenses 3:1-2



3. ¿Por qué afirmamos que por medio de la oración y el dar nos constituimos en socios de aquellos que están en primera línea en el campo misionero?



INTERPRETACIÓN


1. ¿Cuál es la empresa común a la que todos los creyentes estamos llamados a participar?

2. Tal vez tú no puedas, o no estés dispuesto a ir al campo misionero, bien sea este en tu propio país o más allá de sus fronteras, pero, a pesar de ello, continuas siendo un socio y, por tanto, responsable de esta empresa ¿Qué implicaciones ha de tener esto para ti?

3. ¿Qué relación, si alguna, existe entre nuestra oración y la expansión del evangelio? ¿Es nuestra oración imprescindible? ¿Por qué? Justifica tus respuestas

4. ¿Es posible vivir un auténtico compañerismo cristiano si no practicamos esta dimensión de la koinonia.? Nuevamente te pedimos que justifiques tu respuesta


APLICACIÓN


1. ¿Qué tipo de involucración estás teniendo en el cumplimiento de la Gran Comisión?

2. Si no lo estás ¿Qué te impide ser socio de un ministerio evangelístico a través del dar?

3. Si no lo estás ¿Qué te impide ser socio de un ministerio evangelístico a través de la oración?

4. Toma la decisión de comenzar a orar de forma regular por un ministerio que se dedique a la evangelización más allá de las fronteras de tu país. Busca información acerca de las personas que componen ese ministerio, de sus necesidades personales, económicas y espirituales. Conoce cuál es la situación del campo misionero en el que están sirviendo. Escríbeles y exprésales tu deseo de orar y/o apoyarles económicamente de forma regular.

5. Toma la decisión de asociarte económicamente en un esfuerzo misionero, no importa si es dentro o fuera de tu propio país. Comienza a dar tu apoyo de forma regular

UNA RELACIÓN ESPECIAL III




ESTUDIO 3

UNA RELACIÓN ESPECIAL


IDEA CLAVE

Cuando una persona acepta a Jesús como Señor y Salvador es incorporada al cuerpo de Cristo y se establece una relación especial con Jesucristo y con todos y cada uno de los otros miembros del cuerpo, ya que todos ellos comparten la vida espiritual del Señor resucitado.


CASO DE ESTUDIO


CASO 1

El pastor Cortés, presidente del Consejo Evangélico de la ciudad estaba reunido con los pastores de las dos principales iglesias, ambas reunían a casi la mitad de los creyentes y recursos de la localidad.

-Queridos hermanos, todas las iglesias de la ciudad, a excepción de las suyas, participan en este evento evangelístico. Ha sido muy difícil poner de acuerdo en las actividades, los métodos y los materiales a todas los líderes de nuestra ciudad. Son ustedes los únicos que no desean participar. Con toda honestidad, creo que el testimonio que daremos a la población será nefasto, además, las posibilidades de éxito sin su participación quedan muy reducidas.

-Lo entiendo y me duele profundamente, contestó el pastor Ruiz, pero mi comunidad no puede participar con otros hermanos que tienen una posición tan cerrada con relación a los dones del Espíritu Santo. Es imposible tener comunión práctica con hermanos que interpretan las Escrituras de una manera tan errónea.

-Lo mismo nos sucede a nosotros, matizó el pastor González, Nosotros creemos que la Biblia habla con total claridad con respecto a la prohibición de las mujeres de orar en la asamblea, por tanto, no estamos dispuestos a unir nuestros esfuerzos con "supuestos hermanos" que no siguen las enseñanzas de la Palabra.

Era evidente que el pastor Cortés estaba llegando a un punto de desesperación. Sin embargo, a pesar de ello, sacó fuerzas de la flaqueza para seguir intentando la cooperación entre los diferentes miembros del cuerpo de Cristo.

-Por favor, hermanos, Dios ama por igual a aquellos que tienen posturas diferentes con respecto al ministerio del Espíritu Santo. Lo mismo sucede con aquellos que están en favor de la oración de las mujeres. La enseñanza de la Biblia, ustedes lo saben bien, no es tajante al respecto, esta es la causa de que tengamos posturas doctrinales diferentes. Por si fuera poco, el proyecto evangelístico fracasará sin su participación, todo será un auténtico fracaso.

-En todo caso, no será mi fracaso, apostilló el pastor Ruiz, será el fracaso de aquellos que deseen participar.

-Estoy de acuerdo, fue el comentario del pastor González. Ambos dieron por terminada la reunión y se dispusieron a partir.


CASO 2

Una tensa reunión tiene lugar entre los directores de dos movimientos cristianos que trabajan entre universitarios.

-Ustedes no tienen derecho a establecer un ministerio en esta universidad. Nuestro movimiento hace más de 10 años que ha estado trabajando aquí de forma ininterrumpida, no necesitamos más ministerio cristiano.

-Pero hermano, la universidad de la ciudad tiene más de cincuenta mil universitarios, el 95% de los cuales no son cristianos. Ustedes son apenas un pequeño grupo de veinte personas.

-¿Y que importancia tiene eso?. Nuestras actividades evangelísticas son constantes, cada semana estamos compartiendo a Cristo.

-Y su trabajo es muy digno loable. Sin embargo, y tengo en mi mano la memoria del año pasado, durante todo el curso compartieron el evangelio con un total de 879 estudiantes. Es un mérito grande, pero estamos hablando de cincuenta mil estudiantes no cristianos. El campo es amplio, la cosecha abundante. Honestamente, no veo ningún problema para que empecemos otro trabajo evangelístico en la universidad.

-Me opongo y me opondré. Ustedes vienen aquí para medrar en nuestro trabajo, para segar donde otros han plantado. Esta universidad es nuestra, tenemos derecho a estar aquí, nuestro ministerio de años nos avala, ustedes son unos advenedizos y, su actitud no es ética. No reconocemos su trabajo, y si persisten en abrir un nuevo ministerio llevaremos el asunto al Consejo Evangélico de la ciudad, ellos nunca aprobarán sus planes, tengo buenos amigos que sabrán reconocer mis tesis.

¿Cuál es tu reacción ante la actitud de los pastores González y Ruiz?

¿Estás de acuerdo con su postura? ¿Por qué sí o por qué no? Se específico

Desde la perspectiva del compañerismo cristiano ¿Cómo juzgarías su actitud?

¿Han de ser nuestras legítimas convicciones doctrinales obstáculo para cooperar con otros miembros del cuerpo de Cristo?

¿Tiene razón el líder del movimiento universitario en su oposición a un nuevo ministerio cristiano en la universidad? ¿Por qué sí o por qué no? Razona tu respuesta

¿Estamos llamados a cooperar o a competir?


TEXTO BASE

  • "De manera semejante, nosotros, siendo muchos, estamos injertados en Cristo para formar un solo cuerpo, y cada uno es un miembro al servicio de los demás" (Romanos 12:5)
  • "Amaos los unos a los otros con amor fraternal; en cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros…. Compartiendo para las necesidades de los santos; practicando la hospitalidad…. Gozaos con los que se gozan; llorad con los que lloran" (Romanos 12: 10,13,15)
  • "Ese mismo Espíritu se une a nuestro propio espíritu para asegurarnos que somos hijos de Dios. Y si somos hijos, también somos herederos: herederos de Dios y coherederos con Cristo" (Romanos 8:16-17)
  • "el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo; Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor." (1 Corintios 1:8-9)
  • "Vosotros formáis el cuerpo de Cristo, y cada uno por separado constituye un miembro" (1 Corintios 12:27)
  • "Pero, al llegar el momento cumbre de la historia, Dios envió a su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo el régimen de la Ley, para liberarnos del yugo de la Ley y alcanzarnos la condición de hijos adoptivos de Dios" (Gálatas 4:4-5)
  • "Nos ha destinado de antemano, y por pura iniciativa de su benevolencia, a ser adoptados como hijos suyos mediante Jesucristo" (Efesios 1:5)
  • "Pues nadie ha odiado jamás su propio cuerpo; todo lo contrario, lo cuida y alimenta. Es lo que hace Cristo con su iglesia, que es su cuerpo, del cual todos nosotros somos miembros vivos" (Efesios 5:29-30)


INTRODUCCIÓN


Cuando pensamos en el término relación, nos damos cuenta que el mismo tiene dos valores para nosotros, incluso si ni siquiera somos conscientes de ello. El primer valor del término es el subjetivo. Valoramos la relación con nuestro esposo o esposa, nuestros hijos, nuestros amigos u otros creyentes de una manera subjetiva, es decir, en función de sí la misma la experimentamos de una forma positiva o negativa.

El segundo valor del término es el objetivo. De hecho, cuando conocemos la definición de relación, nos damos cuenta que el valor objetivo es el más básico y, a la vez, el más importante. El diccionario define relación como. Un estado o condición. La conexión o correspondencia de una persona o cosa con otra. Creo que es importante subrayar el aspecto de que una relación es un estado o condición.

Pongamos el ejemplo del matrimonio para ilustrar ambos aspectos de una relación. Cuando una mujer y un hombre se unen en matrimonio entre ambos se establece una relación matrimonial. Es posible, que con el paso de los años, ellos la experimenten de forma positiva o negativa, sin embargo, al margen de cómo ellos vivan la experiencia de forma subjetiva, lo cierto, es que entre ellos existe una relación objetiva de unión matrimonial.

La relación paterno-filial también nos sirve para ilustrar lo que deseamos expresar. Desde el momento de nuestro nacimiento, con nuestros padres se ha establecido este tipo de relación padre - hijo. En este caso, la relación es irreversible y dura para siempre. Mi padre puede ser mi amigo, o por el contrario, un total desconocido, sin embargo, siempre será mi padre. Puedo avergonzarme de él, negarme a verlo, vivir como si no existiera, pero eso, no cambiará ni un ápice la realidad de que entre ambos existe una relación, aunque no exista amistad, comunicación o comunión.

¿Por qué crees que es importante entender los dos valores, el objetivo y el subjetivo de una relación? ¿Cómo se relacionan entre sí?

Esto mismo nos sucede con Dios. Nosotros, los creyentes, podemos tener una comunión diaria e íntima con Dios -el aspecto subjetivo o experimental- debido a que tenemos una relación personal con Él -el aspecto objetivo-. Este aspecto objetivo ha sido descrito por los teólogos como nuestra unión con Dios. Así pues, todo creyente tiene comunión y unión con el Señor. Vamos a explicar un poco más este concepto de unión o relación con Dios.

En 1 Corintios 1:8-9 leemos lo siguiente: "el cual también os confirmará hasta el fin, para que seáis irreprensibles en el día de nuestro Señor Jesucristo; Fiel es Dios, por el cual fuisteis llamados a la comunión con su Hijo Jesucristo nuestro Señor." La palabra comunión que aparece en 1 Corintios es la traducción del vocablo griego koinonia. En este pasaje no tiene principalmente el valor de comunión en el sentido de nuestro tiempo diario e íntimo con el Señor, es decir, la parte subjetiva de nuestra relación. Más bien, según todos los estudiosos bíblicos, tiene el sentido de nuestra unión con Cristo.

Cuando aceptamos a Jesús como Señor y Salvador por medio de la fe, fuimos llamados a una unión con Él. Pasamos a formar parte de su cuerpo. Ahora bien, no somos parte de su cuerpo en el sentido posesivo del cuerpo, como quien habla de mi casa, mi coche o mi computadora. Pasamos a formar parte de su cuerpo en un sentido integral. Pablo lo expresa muy bien en Efesios 5:30 cuando afirma: "porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos."

Es importante que entendamos este concepto. Dios no únicamente nos ha llamado a tener una comunión íntima, personal y diaria con Él, sino que nos ha llamado a compartir su propia vida espiritual por medio de nuestra unión con Cristo.

KOINONIA RELACIÓN

Aspecto objetivo
Mi unión con Cristo pasando a formar parte de su cuerpo y participando, por tanto, de su propia vida espiritual

Aspecto subjetivo
Mi comunión íntima, personal, diaria con Él por medio de la oración, la Biblia y la obediencia

Jesús ilustró magistralmente este concepto en Juan capítulo 15 al hablar de la vid y los pámpanos. Pablo lo hizo utilizando la ilustración de la cabeza y el cuerpo. Ambas ilustraciones vienen a darnos luz acerca de esa unión, gracias a la cual, nosotros compartimos la vida misma del Cristo resucitado.

Nuestra unión con Cristo tiene serias implicaciones para nuestro compañerismo con otros cristianos. Dios nos salva a cada uno de nosotros de forma personal e individual, sin embargo, como ya hemos visto, lo hace para incorporarnos a una nación, una familia, un cuerpo. Este nuevo pueblo está, precisamente, formado por todos aquellos que comparten esa misma unión con Cristo, esa vida nueva espiritual con el Salvador. Todos ellos, como consecuencia, comparten una vida común en Cristo.

Koinonia expresa pues la relación especial que los miembros de este cuerpo tienen con Dios y cada uno de ellos entre sí. Una relación que existe al margen de la distancia geográfica, el tipo de doctrina que sostengamos o nuestros diferentes énfasis denominaciones. Esta relación especial va más allá de la relación que se establece con otros miembros de una comunidad local. Es realmente una relación de alcance universal con todos y cada uno de aquellos que han sido incorporados por la fe al cuerpo de Cristo. Y esto, es un hecho.

Pablo lo ilustra perfectamente al usar la metáfora del cuerpo y los miembros. En el cuerpo, todos los miembros tienen una especial relación con la cabeza, según el apóstol, es una relación espiritual orgánica entre cada miembro y Cristo y entre cada miembro con los otros miembros. Y volvemos a insistir, se trata de un hecho que afirma y establece la Escritura sin ningún género de dudas.

Lo más probable es que la inmensa mayoría de nosotros ni siquiera seamos conscientes de estar en relación con millones y millones de creyentes de todo el mundo. Pero desde la perspectiva bíblica eso es una realidad ya que todos pertenecemos al mismo cuerpo. Es una realidad, un hecho, aunque a la abrumadora mayor parte de ellos nunca tendremos la oportunidad de conocerlos o tratarlos. Con muchos de ellos no estaremos de acuerdo en matices teológicos y formas de organización eclesial. Otros, ni siquiera nos gustarán su forma de ser y entender la vida cristiana. Ahora bien, todas las diferencias que podamos imaginar ni alterarán en absoluto el hecho de que compartimos una vida común en Cristo y, por tanto, tenemos una relación especial con cada uno de ellos.

No sabemos cuántos millones de creyentes nacidos de nuevo existen en el mundo. Sin embargo, todos ellos, como nosotros, han sido unidos a Cristo y, por tanto, se ha establecido una relación entre ellos y nosotros. ¿Por qué es importante que entendamos que estamos en relación con todos los creyentes del mundo?

¿Cómo debería afectar nuestras actitudes y conductas hacia ellos?

¿De qué modo la metáfora del cuerpo te ayuda a entender este concepto tan básico de la vida cristiana?

El autor cristiano Jerry Bridges, en su libro, True Fellowship, afirma que precisamente el hecho, la realidad objetiva que tenemos una relación especial con el resto de los creyentes es la base sobre la que debemos edificar nuestra comunión práctica, es decir, el aspecto subjetivo de esta relación. Según Bridges, es precisamente la comprensión de esa realidad la que debería estimularnos al deseo de buscar una comunión práctica con otros creyentes. Pablo lo expresa claramente en Romanos 12, donde indica que a pesar de ser muchos somos un único cuerpo en Cristo y, por tanto, debemos amarnos, honrarnos, ministrarnos en nuestras necesidades y ser sensibles y compasivos con los que pasan por momentos de dificultad. Queda claramente expresado, porque tenemos una relación hemos de buscar una comunión.

Expresa con tus propias palabras la idea de que al tener una relación hemos de buscar una comunión

Pablo nos enseña el camino. Estar en relación con cada creyente tiene unas claras implicaciones, de las cuales, hemos de sentirnos responsables.

En primer lugar, debemos cuidar los unos de los otros. Para el apóstol es lo más normal del mundo que los miembros de un mis cuerpo tengan una preocupación genuina los unos por los otros. De este modo, cuando un miembro sufre, todos sufren, ya que es todo el cuerpo el que está siendo afectado. Cuando un miembro sufre, cae en pecado o padece necesidad y no es ministrado, todo el cuerpo se resiente, incluso si nosotros no somos conscientes de ello o no nos preocupa..

No deja de ser curioso el hecho de que únicamente cuando el organismo está enfermo se agrede a sí mismo. Existe un buen número de enfermedades en las cuales, por diferentes razones, el organismo en vez de protegerse de las posibles agresiones exteriores, se agrede a sí mismo. Evidentemente, una situación de este tipo es una anomalía, se trata de una situación anormal y patológica, propia de un cuerpo enfermo.

Desgraciadamente, en demasiadas ocasiones los creyentes funcionamos de este modo y, por medio, de la crítica, la difamación y el juicio dañamos a otros miembros del cuerpo de Cristo y, sin darnos cuenta, estamos dañando a todo el cuerpo y a nosotros mismos. Todo nuestro esfuerzo y entusiasmo debería estar dirigido a restaurar a otros y, nunca, a hundirlos más en su situación o necesidad. Mucha carnalidad se disfraza de sana doctrina y odio al pecado.

En segundo lugar, deberíamos honrarnos los unos a los otros. Esta es la recomendación que nos da el apóstol en Romanos 12:20. El diccionario define honrar como el respecto y la estima que ofrecemos a otros. Nunca se ha visto un cuerpo en el que unos miembros compitan contra los otros. Si nos honráramos entre nosotros se acabaría todo tipo de competencia entre diferentes partes del cuerpo de Cristo.

La práctica de la honra nos ayudaría a ver que el triunfo de otros miembros del cuerpo en cualquier campo es, en definitiva, nuestro propio triunfo, ya que, al fin y al cabo, se trata del triunfo del cuerpo en su conjunto. Tristemente, se da el caso de creyentes, iglesias u organizaciones que se alegran del fracaso de los planes, iniciativas o proyectos de otros. Del mismo modo, algunos miembros del cuerpo maniobran para impedir el crecimiento o las empresas que otros miembros desean llevar a cabo. Parece una locura ¿verdad? Sin embargo, todos sabemos que es tristemente una realidad que se da entre nosotros.

Jerry Bridges, en su libro antes citado, lo explica de la siguiente manera: "Tendemos a pensar de nosotros mismos de forma individual o como miembros de un grupo particular de cristianos, en vez de hacerlo como miembros del cuerpo de Cristo." El resultado de esta limitada visión es la competición en vez de la cooperación. Es el ver, consciente o inconscientemente a otros como nuestros competidores en vez de verlos como parte de nuestro mismo cuerpo. Esto explica tanta incapacidad o falta de deseo para unir esfuerzos para la causa suprema del cumplimiento de la Gran Comisión.

Ser miembros del mismo cuerpo no significa carecer de convicciones y énfasis propios. !En absoluto! No estamos afirmando que debamos renunciar a nuestras propias formas de ver, entender y vivir la vida cristiana. Estamos afirmando que éstas, aunque legítimas, deberían ser siempre expresadas con amor y respeto y no deberían ser un obstáculo para valorar y cooperar con otros miembros del mismo cuerpo.

Una tercera implicación sería el orar los unos por los otros. Demasiado a menudo, nuestra oración tiene un énfasis demasiado personal. No nos cuesta orar por nosotros y nuestras familias, incluso tal vez por nuestra congregación local. Sin embargo, perdemos de vista que Dios nos ha dado la posibilidad y la responsabilidad de ser de bendición, por medio de la oración, a todos los miembros del cuerpo de Cristo. Cuando oramos Dios bendice en respuesta a nuestras súplicas y plegarias. Tal vez nunca podremos ministrar de forma presencial en otras ciudades, países o continentes, pero Dios nos da la oportunidad por medio de la oración de llegar y ministrar más allá de nuestras limitadas posibilidades físicas.

Hemos llegado al final de este estudio. En el mismo, hemos visto que toda relación tiene dos aspectos, el objetivo y el subjetivo. En nuestra relación con Dios se expresan por medio de nuestra unión con Él, es decir, la participación en su vida, y nuestra comunión con Él, es decir, nuestro tiempo personal, íntimo y diario con Él.

Lo mismo sucede con nuestra relación con los creyentes. Desde el momento de la conversión hemos sido incorporados a un cuerpo y somos participes de la vida espiritual de Cristo, juntamente con todos los otros miembros de ese cuerpo. Esta es la parte objetiva de la relación. La parte subjetiva es el cuidado, el amor, la honra y el respeto que hemos de practicar con todos, sin exclusiones, los miembros de ese cuerpo.


OBSERVACIÓN


1. Anota las tres cosas más importantes que has aprendido al llevar a cabo este estudio

2. Lee nuevamente los versículos correspondientes al texto base. ¿Qué te enseñan respecto a la vertiente objetiva y subjetiva de la relación que tenemos con Dios y con el resto de los creyentes? Considera que no cada versículo trata de ambos aspectos, por tanto, no necesariamente en cada cita has de encontrar enseñanzas sobre las dos vertientes.


Pasaje Vertiente objetiva de la relación Vertiente subjetiva de la relación

Romanos 12:5

Romanos 12: 10,13,15

Romanos 8:16-17

1 Corintios 1:8-9

1 Corintios 12:27

Gálatas 4:4-5

Efesios 1:5

Efesios 5:29-30


INTERPRETACIÓN


1. ¿Qué diferencia existe entre nuestra unión con Cristo y nuestra comunión con Él?

2. ¿Cómo se relacionan nuestra unión y nuestra comunión con Cristo?

3. ¿Qué significa que todos los creyentes somos participes de una vida común como resultado de nuestra unión con Cristo?

4. ¿Por qué afirmamos que todos los creyentes, no importa nuestra ubicación geográfica, énfasis doctrinales, organización eclesiástica o tradición religiosa somos hermanos en Cristo?

5. Si todos los creyentes somos hermanos en Cristo ¿Qué implicaciones prácticas se deducen o deberían deducirse de semejante realidad?

6. ¿Por qué se afirma que el hecho de que somos hermanos en Cristo ha de ser la base sobre la cual edifiquemos la práctica de la comunión con otros creyentes?

7. ¿De qué modo entender el hecho de que me une una relación especial con todos y cada uno de los creyentes puede ayudarme a evitar actitudes y conductas tales como la murmuración, la crítica, la competitividad, el rechazo de otros por sus opiniones o énfasis, etc.?



APLICACIÓN


1. Piensa por un momento en tu propia situación personal ¿Tienes problemas para aceptar a otros hermanos por sus énfasis doctrinales o formas peculiares de vivir la vida cristiana? Si es así, ¿qué cosas prácticas puedes hacer para amarlos y aceptarlos como hermanos sin que ello implique renunciar a tus legítimas convicciones? ¿Qué puedes hacer para combinar ambas cosas?

2. ¿Tienes problemas de competición con otros creyentes, iglesias u organizaciones cristianas? ¿Qué deberías hacer para evitarlos?

3. ¿De qué modo lo estudiado en este estudio te puede ser de ayuda para vivir de forma más intensa esta relación especial que tienes con todos y cada uno de los creyentes que te rodean? Por favor, trata de ser específico.

LA PERSPECTIVA BÍBLICA DEL COMPAÑERISMO II



ESTUDIO 2
LA PERSPECTIVA BÍBLICA



IDEA CLAVE


El compañerismo cristiano es mucho más que un encuentro de cristianos para tener relación social. La KOINONIA del Nuevo Testamento implica compartir juntos una serie de realidades espirituales y compartir con otros hermanos nuestra vida y recursos



CASO DE ESTUDIO


Mientras tomaban una taz de café en la sala de actos de la iglesia, Juan y Lourdes sostenían la siguiente conversación.

-La verdad es que disfruto muchísimo de estas veladas de compañerismo, afirmó Lourdes dirigiéndose a su amigo y compañero de iglesia, Juan. No sé a quién se le ocurrió esta idea de organizar una cena cada viernes por la noche, pero me parece una idea fabulosa.

-A mí me pasa lo mismo, Lourdes, creo que el compañerismo entre los creyentes es una de las cosas más fantásticas que existen. Ya lo dice claramente el salmo 133: "!Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!", después, hace toda la descripción de la barba de Aarón, y todo eso, para concluir afirmando: "Porque allí envía Jehová bendición, y vida eterna" y es cierto, !qué bendición estos momentos juntos!

-Tienes razón, Juan, mis relaciones sociales antes de convertirme no eran tan gratificantes ni satisfactorias como lo son ahora. Me gusta pasar tiempo con la gente de la iglesia. Las relaciones tienen una calidad que no tenían cuando salía con mis amigos no cristianos. No sé cómo explicarlo, pero desde que he desarrollado amistades en la iglesia mi sentido del ocio y la vida social ha cambiado de forma drástica.

-Me alegro, Loudes. Creo que el compañerismo entre los creyentes, el poder tener relaciones como las que disfrutamos nosotros, es una auténtica bendición. Además, te habrás dado cuenta que en la vida cristiana no todo son cultos, compartir versículos o asistir a actividades. Hay también tiempo para sana y divertida relación.


La conversación entre Juan y Lourdes revela que tienen una idea muy peculiar acerca de qué es el compañerismo cristiano, ¿Qué idea es esta?


¿Estás de acuerdo con su perspectiva del compañerismo cristiano? ¿Por qué sí o por qué no? Razona tu respuesta

Si tu respuesta fue negativa ¿De qué adolece su perspectiva del compañerismo o la comunión cristiana?

¿Cómo definirías el compañeismo o la comunión cristiana? ¿Cómo entiendes tú este concepto bíblico?


TEXTO BASE


  • "Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones"


INTRODUCCIÓN


Una mirada, por rápida y superficial que pueda ser, nos muestra que el compañerismo cristiano ocupaba un lugar muy importante en la vida de la iglesia del Nuevo Testamento.

Lucas, en el pasaje de Hechos capítulo dos mencionado en el texto base, nos ayuda a poder entender de forma más profunda esa importancia. El escritor, coloca el compañerismo -la palabra griega KOINONIA, que aparece traducida como comunión en muchas versiones castellanas- al mismo nivel que la enseñanza, la celebración de la muerte del Señor -conocida por Santa Cena, Partimiento del Pan, Santa Comunión, según las diferentes tradiciones cristianas- y la oración en la iglesia primitiva.

De hecho, tradicionalmente el compañerismo ha sido considerado como una de las funciones básicas de la iglesia cristiana. La inmensa mayoría de las tradiciones cristianas, por no decir todas, consideran que las funciones básicas que debe desempeñar la iglesia son: la proclamación (kerygma), el servicio (diakonia), la adoración (lirturgia), la enseñanza (didache) y, finalmente, el compañerismo (koinonia)

Pero Lucas, no sólo coloca el compañerismo o comunión al mismo nivel que la oración, la enseñanza o la Santa Cena,, nos indica también en ese breve, pero lleno de contenido pasaje, que los creyentes, no únicamente "tenían compañerismo", sino que "perseveraban", es decir, persistían a lo largo del tiempo, en el compañerismo. Dicho de otra manera, eran firmes y constantes en ello.

En ocasiones, los creyentes tenemos una idea distorsionada del compañerismo bíblico. En muchas comunidades locales éste es identificado con las actividades de tipo social que la iglesia organiza. Todo tipo de encuentro que sirva para que los creyentes puedan relacionarse entre ellos y pasar un buen rato es considerado por algunos como compañerismo. Es cierto, que con el paso del tiempo, las palabras se desgastan y acaban perdiendo su significado. Sin duda, esto ha pasado con el compañerismo. Nos urge pues, recobrar el sentido y la dimensión bíblica de este término.

Como ya ha sido indicado con anterioridad la palabra griega que el Nuevo Testamento utiliza para definir el compañerismo cristiano es la palabra KOINONIA. Esta palabra del idioma griego es riquísima y, tiene varias posibles traducciones en la lengua castellana. Es importante entender que todas estas traducciones no son en absoluto excluyentes, antes bien son complementarias. Cada una de ellas nos permite ver y entender un matiz, una vertiente, un aspecto concreto y específico del compañerismo cristiano. Así pues, todas ellas vistas en conjunto nos dan la imagen o la perspectiva bíblica completa del compañerismo cristiano.

Los variados términos usados para traducir el vocablo griego KOINONIA pueden agruparse en dos significados principales, los cuales, trataremos de explicar

COMPARTIR JUNTOS

En primer lugar, KOINONIA expresa la idea de compartir entre varios alguna o algunas cosas en común. Transmite también la idea de participación conjunta, de ser parte de una misma unidad y, a la vez, en una empresa común. Aplicado esto a la realidad cristiana surge la siguiente pregunta ¿Qué es lo que compartimos en común todos los creyentes, de qué empresa somos partícipes?

Todos los creyentes compartimos en común una misma relación. En primer lugar una relación con Cristo, posteriormente se trata de la relación que se ha establecido entre todos nosotros desde el momento en que hemos aceptado a Cristo como nuestro Señor y Salvador personal. Al vincularnos con Cristo, al unirnos con Él, hemos pasado a formar parte de una misma familia y, como consecuencia, compartimos con todos los otros creyentes el hecho de ser hermanos en la familia de la fe, de la cual, Él, es el hijo mayor, el primogénito.

Pablo, en el Nuevo Testamento expresa en varias ocasiones esta idea. El apóstol indica que los creyentes comparten juntos varias realidades espirituales. Por ejemplo, en 1 Corintios 1:9 se nos indica que compartimos juntos un compañerismo o comunión con Jesucristo y también con el Espíritu Santo, tal y como lo vemos reflejado en Filipenses 2:1. Pablo nos enseña en Romanos 15:27 que compartimos juntos una misma herencia en el Señor.

Pero también somos socios, participantes, de una empresa común. ¿En qué consiste esta empresa? En glorificar a Dios ayudando al cumplimiento de la Gran Comisión dada por nuestro Señor y Salvador en Mateo 28:18-20


COMPARTIR CON

En segundo lugar, KOINONIA expresa la idea de compartir con otros aquello que tenemos. Aplicado a nuestra vida cristiana hemos de compartir con otros nuestras vidas y nuestros recursos, aquellas cosas que el Señor nos ha dado para administrar.

Hemos de compartir con otros nuestra vida, es decir, aquello que Dios nos está dando, las cosas que el Señor está llevando a cabo en nuestra experiencia propia, única y personal con Él. Es, lo que llamaríamos, un compañerismo espiritual. Es compartir nuestra comunión.

Por otra parte, debemos compartir con otros nuestros recursos, aquellas cosas materiales que hemos recibido de parte del Señor para ser administradas.

Compartir juntos
Nuestra relación con Cristo
Una empresa común, la Gran Comisión
Compartir con
Nuestra comunión
Nuestros recuros


OBSERVACIÓN

1. Una vez leída la introducción ¿cuál es en tu opinión lo más importante, la idea clave que se pretende transmitir?

2. En muchas comunidades el compañerismo es identificado con las actividades de tipo social llevadas a cabo por la iglesia ¿es correcta esta idea de compañerismo? Razona tu respuesta

3. Si tuvieras que explicar a un nuevo creyente el concepto bíblico de KOINONIA ¿cómo lo harías? Escribe a continuación la definición con tus propias palabras

4. El compañerismo, la comunión es una de las cinco funciones que tradicionalmente todas las confesiones cristianas le reconocen a la iglesia ¿cuáles son las otras cuatro?



INTERPRETACIÓN



1. ¿Qué quería reseñar Lucas al poner el compañerismo, la comunión, al mismo nivel que la enseñanza de los apóstoles, la oración y el Partimiento del Pan?

2. El compañerismo cristiano es una realidad que tiene cuatro facetas o vertientes: relación, empresa común, comunión espiritual y compartir nuestras posesiones y recursos ¿De qué modo en tu iglesia o comunidad puedes tú personalmente desarrollar estas cuatro vertientes?


3. Si lees el pasaje del texto base y te fijas, verás que el compañerismo cristiano no es algo que suceda espontáneamente. Dicho de otro modo, no existe compañerismo tan sólo porque los cristianos estén juntos físicamente. Hechos 2:42 nos indica que los creyentes "perseveraban" en el compañerismo ¿Qué crees que significa esto? ¿Cómo es posible perseverar en la comunión? Por favor, se práctico en tus respuestas

4. ¿Por qué es necesario e importante que nuestra perspectiva de lo que es el compañerismo cristiano se corresponda con la visión bíblica?


APLICACIÓN


1. Es posible que hasta ahora no tuvieras una perspectiva bíblica del compañerismo cristiano. Piensa en ello, ¿qué áreas ignorabas? ¿de qué modo se ha enriquecido tu perspectiva? ¿qué has aprendido de nuevo?

2. El libro de los Hechos de los Apóstoles es en buena parte el registro de cómo vivían las primeras comunidades cristianas. Empieza a leerlo -te sugerimos que lo hagas al ritmo de dos capítulos diarios- y conforme lees, anota todo lo que puedas aprender acerca de las diferentes vertientes del compañerismo cristiano.

3. ¿En qué medida tu práctica del compañerismo cristiano se corresponde con la visión bíblica? ¿Qué cambios deberías introducir? ¿Qué conductas deberías practicar? Por favor, se práctico y realista en tus respuestas.

4. En tu situación actuar, ¿qué puedes hacer para "perseverar" en el compañerismo con otros cristianos?